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Quizás no podamos cambiar el mundo, pero sí podemos hacerlo más bonito.

 

 

Para mí, el diseño es una forma de mejorar la vida de las personas y crear un marco bonito y seguro para ellas. Pasamos gran parte de nuestro tiempo dentro de edificios y su diseño afecta a la forma de sentirnos y comportarnos. No se trata solamente de un factor visual, sino también un componente emocional muy importante.

Para mí la belleza es la sencillez bien calculada y en convivencia con la naturaleza. Creo que la elegancia se encuentra en lo sobrio y necesario, en respetar las texturas y la vida de los materiales. Trabajo para poder unir el interior con el exterior y transformarlo en un solo ambiente. Las líneas no forzadas, el blanco como punto de partida y los materiales naturales me inspiran y están siempre presentes. 

Percibo el diseño como algo que fluye; no debe ser forzado ni desordenado, un diálogo entre las texturas, colores, olores, formas y luces. Conlleva leer la historia de los espacios para ver cómo construir sobre ellos.

Creo que nos define y nos permite definirnos a la vez. Nos transforma y se transforma a lo largo de la vida. Es una forma de expresarnos y de ver el mundo en el que vivimos. Es la oportunidad de cambiar aquello que nos disgusta.
          
El propósito de mis proyectos es priorizar las necesidades humanas por encima del diseño. De esta manera logramos proyectos con sentido y valor.